Cuando estamos en feria y un viejo cliente se acerca a saludarnos. Cuando un proveedor nos llama de nuevo tras un primer pedido. Cuando un visitante nos ofrece su tiempo y al marcharse, nos da su tarjeta. Cuando año tras año nuestra cartera de clientes aumenta. Nadie se imagina todo el trabajo que hay detrás de cada una de esas acciones. Y además, están basadas en la más pura seducción. En los más de treinta años de trabajo que Timbrados Rubio tiene a sus espaldas nos ha quedado clara una cosa y es que sin seducción no hay trato que valga.

El tiempo que pasamos entre feria y feria lo dedicamos a diseñar, sí, pero también a viajar para hacer nuevos contactos, afianzar los antiguos y encontrar nuevas formas de negocio que nos acerquen todavía más a lo que soñamos que sea Timbrados Rubio. Y cada uno de esos viajes, cada reunión, está teñida de palabras que describen nuestra pasión, nuestras ganas de trabajar, nuestra ilusión por ofrecer creaciones más increíbles y más diferentes de lo que la competencia hace.

Contamos con la suerte de tener en plantilla a unos profesionales que hacen de su trabajo su pasión y por ello, ofrecen lo mejor de sí mismos. Emplean su talento y su habilidad en crear auténticas maravillas que año tras año distinguen nuestras colecciones de las de la competencia. Dan a nuestros comerciales la oportunidad de vender arte, historia, talento y creatividad en estado puro y eso facilita mucho su trabajo. Pero sin seducción no cosecharíamos tanto éxito, estamos seguros.

Nuestro equipo sabe que cada reunión, sea con un proveedor, un nuevo contacto o un viejo conocido de la empresa, es una oportunidad para brillar. Para sacar a relucir todo lo que sabemos hacer y podemos ofrecer. Como auténticos pavos reales, ponemos sobre la mesa nuestro potencial de la mejor forma posible y vamos seduciendo a la persona que tenemos delante.

Llevamos muchos años en contacto con la piel y sabemos qué palabras la definen mejor. Qué sensaciones debemos evocar en quien tenemos delante para que nos comprenda. Cómo comunicar su esencia, sus cualidades, sus posibilidades. Cuándo aderezar con adjetivos, cuándo dejar que sea la piel la que hable. Y de eso está hecha la seducción.

De los silencios, del tacto de la piel, de la dosis exacta de explicación, de jugar con los tiempos, la disponibilidad y la exclusividad de nuestras creaciones. De mostrarnos dispuestos pero negociar con fiereza cada margen. De emocionarnos destripando los procesos de fabricación e inocular la ilusión en cada persona que tropiece con nosotros.

Si sabemos de algo, además de la piel, es de la seducción. Y nunca renunciaremos a ella. Porque si nos falta la seducción, significa que también nos falta creer en nuestro trabajo, nos falta tener fe en que la siguiente colección será mejor que la anterior y sobre todo, nos falta pasión. Y desde luego, sin pasión no podríamos levantarnos cada día y seguir trabajando por y para Timbrados Rubio.

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