Casi todos tenemos en nuestro armario un buen par de botas de piel que nos han acompañado a lo largo del tiempo, que se han ablandado y adaptado a nuestro pie por el uso y que son nuestras favoritas en los días de frío. Pero quizás no seamos conscientes de que hace 15.000 años ya se llevaban botas de piel y que, por lo tanto, tenemos un calzado con historia en el armario.

Cierto es que aquellas botas llevadas hace 15.000 años poco tendrían que ver con las que lucimos hoy en día, pero sin duda, comparten objetivo; resguardarnos del frío, protegernos y mantener el piel seco. Numerosas pinturas rupestres en España muestran a mujeres luciendo este calzado, por lo que podemos deducir que era un calzado lucido tanto por hombres como mujeres en un principio.

Se han conservado modelos que datan de Mesopotamia y de Oriente Medio que demuestran que no solo tenían un fin útil, sino también estético, puesto que se decoraban las punteras, convirtiendo este calzado en un complemento de lujo más.

Más adelante solo los hombres llevaban botas, ya que eran los que tradicionalmente montaban a caballo y salían al campo a trabajar mientras las mujeres permanecían en el hogar.

Con la llegada del siglo XIX comenzó una época aperturista a muchos niveles y uno de ellos fue el calzado. Las mujeres comenzaron a lucir botas muy femeninas, diferentes a las que llevaban los hombres para trabajar, decoradas con lazos, botones, modelos refinados y elegantes que solían ser de caña baja.

Fue la Reina Victoria la que en 1840 puso de moda la bota femenina. Pidió a su zapatero de confianza J. Sparkes Hall que confeccionara la más tarde conocida como ‘Bota Balmoral’, con la idea de que fuera el zapato perfecto para dar paseos por el castillo escocés.

Era una bota que cubría el tobillo y que poco a poco fue entrando en la vida diaria de quienes la usaban al ir apareciendo modelos decorados, confeccionados en cuero, con seda y tafetán.

Treinta años después surgen las primeras botas de caña alta para mujeres y las clases más bajas comienzan a usar también este tipo de calzado, aunque con el comienzo del siglo XX se dejan de usar las botas ornamentadas y decoradas para relegar este calzado a ambientes de trabajo.

En EEUU surge la popular bota vaquera, con un modelo muy particular que suma los tacones, cuya altura varía según la moda y con decoración floral tradicional. La industrialización e introducción de nueva tecnología durante el siglo XX provocó una mejora en la producción y sobre todo en la decoración de las botas, con nuevas técnicas, nuevos adornos y ornamentos, así como materiales mejor tratados.

Además, la mejora de los medios de transporte facilitó que las modas ‘viajaran’ más rápido entre los cinco continentes y que las botas de cuero, usadas sobre todo en el centro de Europa, aparecieran en el resto del mundo como calzado de trabajo hasta mitad del siglo XX.

A partir de ese momento vuelve a introducirse como un calzado de moda, llenando la caña de la bota de elementos decorativos y fantasiosos y elevando su altura en ocasiones hasta el muslo gracias a la influencia del cine.

Los años sesenta tuvieron como emblema el uso de la bota de cuero por parte de la juventud, que la tomaron como un símbolo. Además de la piel, también se empezó a usar el plástico y el vinilo, que sirvieron a la fantasía de la moda de la época.

Durante los 80 se relanzó la bota vaquera texana como elemento de moda en todo el mundo, saliendo del campo para conquistar las ciudades gracias a películas como ‘Top Gun’, por ejemplo.

A día de hoy hay mil formas de llevar botas y las tenemos casi para cada ocasión gracias a la inmensa variedad de materiales, decoración, modelos y formas. Se trata de un básico de armario, un calzado versátil, cómodo, divertido, adaptable y con personalidad. ¿Quién no tiene unas en su armario?

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